17 de noviembre de 2012


Voy a tomar altura y distancia para contemplar cómo enredas las heridas,
rasgando profundamente lo intacto.
Voy hacia donde nada es necesario:
todo es ficción e imaginación.
Inventé aquel juego perturbador,
las palabras muertas disueltas en ceniza,
el amor,
el tiempo,
inventé todo lo que tenía que ver contigo:
te inventé.

Todas las mujeres se creen pájaros
y no son más que cuerdas atadas a su amo,
por costumbre,
por miedo,
por inercia.
Pero tú eras aquella que huías con el escalofrío entre los huesos,
como el amor fugitivo.
Tu piel como el mapa en blanco
de la desesperanza,
convirtiendo el silencio en el comienzo
de una tregua sin fin.

Lo que se desprende es porque ya no lo necesitamos más,
pero tal vez lo queremos, aunque a nadie importe.
Nadie sabrá nunca el porqué de una derrota,
de una huida,
de un miedo que perturba las entrañas,
de un amor fugitivo.

¿Qué queda de su abrazo,
de ese amor sin medidas,
de esa culpa perfecta?
¿Qué hace allí dentro sin aire y sin ventanas?
¿Por qué se quedan quietas,
tan frías?

El tiempo se detuvo.
Ya lo decían los griegos,
los seres humanos se dividen en tres grupos:
los vivos, los muertos y los navegantes.
No pudieron con ella las tormentas,
el frío y las batallas.
Ella se abre, se cierra,
se multiplica cada día.
A pesar de ello, podíamos seguir eternamente vivas,
sin esperarnos nada,
sin el menor resquicio de futuro.
La verdad, nunca creí que fuera tan doloroso terminar algo que nunca empezó.

6 comentarios:

Verónica C. dijo...

Si que es doloroso terminar algo que nunca empezó.
Los inventos que comprometen sentimientos acaban siempre en letras o en una gran frustración.

Presente. Solo eso.
Y así nos libramos de la desesperanza porque nada esperamos y todo se vuelve instante.
Y qué poco lo logramos...

Me gustó mucho, es un espejo.

Abrazos

Sístole dijo...

Cuando te apetezca tomar algo, dime.

Sístole dijo...

Como veo que me lanzas el balón a mi tejau: (maktub_cg@hotmail.com)

M. dijo...

Todas las mujeres se creen pájaros
y no son más que cuerdas atadas a su amo,
por costumbre,
por miedo,
por inercia.


No estoy en absoluto de acuerdo con esto.
Y sé que tu tampoco... Entonces, ¿por qué?

Juan Antonio dijo...

Sabes que eres fascinante?

Imaginativa dijo...

Me parece increíble la garra con la que escribes. Lo que logras transmitir. Pocas personas son capaces de hacer lo que tú hacer.

Llámame utópica, pero confío en que sean menos las mujeres atadas. Qué triste es estar anclada sin poder volar libre.

Saludos