10 de diciembre de 2012


Ardo, es hora de incinerar la amargura
mientras la velo con mi llanto.
Viene la pena
a golpear por dentro el ritmo exigido,
me pesan los ojos: lloran sin querer,
han perdido las ganas de vivir viviendo.
Estaba en un rincón. Serena, sin sonrisa,
casi triste, llevando la pena detrás de los absurdos límites
de la podrida carne de los días.
Me siento cada vez más ligera
como un recipiente que se vacía.
He llegado al odio más inútil
entre cuatro paredes vidriadas de silencio.
Y allí, recuerdo: nacer es comenzar a morir,
pero yo no le temo.
Nada puede temer quien nada tiene,
quien nada espera tener:
apenas tiempo,
tiempo que se detiene
creando los silencios más absolutos
estallando el vacío.
Hay días que se parecen a una casa en ruinas
en los que aprendo a no pedir nada,
en los que me pierdo y no sé qué hacer con lo que voy descubriendo.
Duele envejecer, el paso del tiempo,
pero más difícil resulta comprender que se ama
solamente aquello que envejece.

No hay nada más aterrador
que estar frente a frente con el paso del tiempo
en una cárcel, en una celda, en prisión
o en un camino equivocado
donde el silencio es tanto,
que se oye cómo pasa.
Es sólo tiempo que pesa sobre nuestras manos,
es sólo tiempo y no es material.
Yo camino, sin prisas,
contando los pasos que voy dando
mientras voceo: “los días son largos, pero la vida es corta”
Sé muy bien lo que deseo: quiero lo no concluido
pero no lo que necesito.
El tiempo que ha dolido el ser lo que ahora eres,
y esa muerte que ha venido a remplazar la herida.
Dicen que los muertos dan asco,
pero ser viejo es peor que la muerte.
Lo articularé: mi destino es esperar en la puerta mientras otros pasan.

4 comentarios:

Verónica C. dijo...

Has expresado abiertamente y con toda la calma del mundo lo que tantas veces sentimos.

Te aplaudo

Juan Antonio dijo...

Me has traído a la memoria algo que dice un personaje de "Cien años de soledad". Alguien le pregunta cómo está y él responde: "Aquí, esperando que pase mi entierro."

Lo que más me ha gustado: "Hay días que se parecen a una casa en ruinas." Genial.

Sístole dijo...

Pues seré muy crítica, pero a mí me gusta más la gente que no se queda en el quicio esperando, me gusta más la gente que cruza.
Cuestión de gustos, fíjese! ;)

Marta dijo...

Ahora que ya es día trece, respira. Pincha la angustia de la existencia con un alfiler y saborea la lentitud con que se escapa el aire. Después, piensa en un abrazo enorme en menos de ocho días.

Po-e-ti-sa.

:)