27 de febrero de 2013


Eres la soledad sin nombre,
este buscarte en el tiempo,
descalza, despeinada,
en los anchos pasillos de los días.
Anhelo acariciarte cerebralmente,
meterme en tu corazón y explotar,
esbozar planos con pasados, presentes y futuros,
arrojada en la existencia
creerme una arquitecta del tiempo.
Perdona si estoy triste
y me atrevo a implorar las señas de tu cuerpo,
sólo debes sobrevolar el espacio que ocupo,
lanzarte valerosa sobre mis ojos,
devorar la lágrima que convive conmigo
formando un espacio que limite la fuerza de tu nombre.
Voy corriendo sin parar
y siempre regresando,
declaro insistencia:
en la fragilidad está la fortaleza.

2 comentarios:

Juan A. dijo...

No hay que pedir perdón por estar triste. Estar triste es muchas veces tan hermoso. Esta vez casi más, diría.

Imaginativa dijo...

Estoy de acuerdo con Juan Antonio, no hay que pedir perdón por estar triste.

Hoy me identifico en demasía con tus palabras...

Saludos.