24 de marzo de 2013


Ya no toco su vida, su soledad, su frente,
yo no soy en su noche más que un lago, una copa,
un profundo sueño,
en que puedes ver aun cerrados los ojos
la oscuridad,
el anticipo de la muerte,
un día frío, el que espera
y llega y se entrega a la noche, a una boca,
al olvido total que lo ciega.
Ser cuerpos tendidos, concretos,
sometidos, felices, dorados, anudados,
olvidando la sombra detenida.
Entré en sus brazos
entre mis brazos
entre las sábanas
entre la noche
entre la sombra
entre las horas
entre
un antes y un después.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni quién fuiste, ni qué fui para ti.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y este terco sentir debajo de su sonrisa.
Quizá debí quedarme en los amores quietos
en vez de buscar el evadido, el despojado,
el ser puro.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte, no me verás morir.

4 de marzo de 2013

¿Qué hacías hace exactamente un año en este preciso instante?


Rompiendo ventanas, desgarrando sábanas,
arañando corazones
convirtiendo todo en rojo,
muy rojo.
Tanto el suyo, como el mío, como el de ella,
todo se convertía conforme iban pasando las horas,
los minutos, los silencios.
Moríamos sin decirnos adiós,
cubriéndonos con la desesperanza,
cobijando el lloro entre los recuerdos muertos,
aferrando el desprecio de la vida.

Era un barco pequeño pintado de rojo,
una mancha clavada mar adentro.
El velero se ha ido,
se han roto las amarras que lo unieron al puerto.
Como dijo el poeta:
“El corazón no muere cuando uno cree que debería”.
No supo lo que hacía
pero se abandonó a sus dedos
como si ya no fueran
suyos.

27 de febrero de 2013


Eres la soledad sin nombre,
este buscarte en el tiempo,
descalza, despeinada,
en los anchos pasillos de los días.
Anhelo acariciarte cerebralmente,
meterme en tu corazón y explotar,
esbozar planos con pasados, presentes y futuros,
arrojada en la existencia
creerme una arquitecta del tiempo.
Perdona si estoy triste
y me atrevo a implorar las señas de tu cuerpo,
sólo debes sobrevolar el espacio que ocupo,
lanzarte valerosa sobre mis ojos,
devorar la lágrima que convive conmigo
formando un espacio que limite la fuerza de tu nombre.
Voy corriendo sin parar
y siempre regresando,
declaro insistencia:
en la fragilidad está la fortaleza.

18 de febrero de 2013


Forzarse a olvidar es inútil.
Forzarse a recordar es inútil.
Forzarse a olvidar el recuerdo es inútil.
Forzarse es inútil.

10 de febrero de 2013


Una vez me susurraron:
“No debes dar nada por hecho”,
y supe que de un silencio vendría la respuesta.
Hoy, me recuerdo:
todo está construido sobre el autoengaño.

25 de enero de 2013


Quítate la máscara, desnúdate,
no eres la carne que puedes tocar, y sin embargo así lo crees.
Despójate y busca su lengua,
húndete en sus salivas,
deposítate en ella, entre sus ingles.
Avanza,
atraviesa,
vadea lagos,
sortea recodos,
siente cómo se expande toda,
cómo se engancha y se contrae,
aprisiona, hasta ti misma.
Juega a meterte entre sus sábanas,
a mezclarte con su champú,
recorre todo su cuerpo contando lunares,
baila con su sonrisa,
cuélate haciendo piruetas entre sus dientes.
Deja paso a tus dedos,
mata todos los sentidos: quédate sólo con el tacto,
admite que los pelos se pongan como escarpias.
Vas a abrir las alas de par en par
y vas a volar hacia lo más alto,
dejarás atrás las estrellas, disfrutando de las vistas desde la cima.
Pero ya tienes una máscara de por sí
y te pones una sobre otra
-tanto exteriores como interiores-,
hasta que te olvidas de tu propio aspecto.
Atiende: te darás cuenta de que no sabes quién eres, ni qué quieres.
No sin matices, no sin condiciones.
Deja de volar, cierra las alas, sofoca el sueño
y ponte, al menos, una máscara humana.