10 de febrero de 2013


Una vez me susurraron:
“No debes dar nada por hecho”,
y supe que de un silencio vendría la respuesta.
Hoy, me recuerdo:
todo está construido sobre el autoengaño.

25 de enero de 2013


Quítate la máscara, desnúdate,
no eres la carne que puedes tocar, y sin embargo así lo crees.
Despójate y busca su lengua,
húndete en sus salivas,
deposítate en ella, entre sus ingles.
Avanza,
atraviesa,
vadea lagos,
sortea recodos,
siente cómo se expande toda,
cómo se engancha y se contrae,
aprisiona, hasta ti misma.
Juega a meterte entre sus sábanas,
a mezclarte con su champú,
recorre todo su cuerpo contando lunares,
baila con su sonrisa,
cuélate haciendo piruetas entre sus dientes.
Deja paso a tus dedos,
mata todos los sentidos: quédate sólo con el tacto,
admite que los pelos se pongan como escarpias.
Vas a abrir las alas de par en par
y vas a volar hacia lo más alto,
dejarás atrás las estrellas, disfrutando de las vistas desde la cima.
Pero ya tienes una máscara de por sí
y te pones una sobre otra
-tanto exteriores como interiores-,
hasta que te olvidas de tu propio aspecto.
Atiende: te darás cuenta de que no sabes quién eres, ni qué quieres.
No sin matices, no sin condiciones.
Deja de volar, cierra las alas, sofoca el sueño
y ponte, al menos, una máscara humana.

18 de enero de 2013


Digo adiós a la más abandonada,
mientras vuelvo la cabeza para encontrar
los rostros de las que nunca zarpan,
permaneciendo quieta aceptando la ausencia.
Mi corazón no olvida
a la que dio la vida por una mirada,
perdiéndolo todo de un golpe,
un tajo limpio.
Tengo miedo.
De la noche,
del silencio que llevo conmigo a todas partes,
de la lluvia,
a quedarme encerrada entre alambres,
al olvido.
Dividimos el tiempo
cuando en realidad no es divisible,
siempre es inmutable,
pero necesitamos trocearlo.
Comprendo que hay sueños que siguen
durante horas durmiendo,
mientras gritan:
“El sentido hace el camino”,
y pienso que a veces las cosas
son más simples de como una se las imagina.

10 de enero de 2013


La vida es un juguete
que se arma
y (te) desarma.
Arrojé aquel escudo entre las sábanas de la última cama
donde nos alojamos para hablar entre miradas,
para contemplarnos en palabras.
Destruí, después de la estancia,
cualquier hilo que a ti me uniese,
derribe palabras y formé cenizas junto con el desmoronamiento
de aquel encuentro sin fin (ni comienzo).
Anunciaré: todo lo vivido fue mentira,
descolócate y elogia el pasado,
porque jamás regresará(é) de nuevo.

24 de diciembre de 2012

Volé hacia lo más alto.


Nunca existieron palabras de explosión
en cada encuentro se evaporaban.
Vuelan fundiéndose con tu mirada (y sonrisa)
hacia mundos  imaginarios
donde existe lo que aquí se perfumó,
lo que nunca se formó para no engañarnos.
Con frecuencia intuimos el fin
antes de comenzar, de articular palabra.
¿Fin? ¿Comienzo? ¿Dónde?
Andamos en círculo repitiendo lo materializado,
mientras tanto lo estancado en el querer (y no poder)
se va marchitando junto con nuestras vísceras
corrompiéndose con el miedo.
En otras ocasiones no existe ni fin, ni comienzo, ni espiral,
simplemente nos guiamos sin tiempo indagando
nuevas experiencias, sabores y sonrisas.
Ojalá tuviésemos la voluntad de realizar
lo ansiado en cada momento,
sin torturarnos la cabeza (ni el corazón).
Tal como concebimos el tiempo
somos conscientes de que siempre hay un fin,
por mucho que pretendamos retrasarlo o evitarlo,
constantemente nos abraza prohibiéndonos exigir cualquier otra consumación.

16 de diciembre de 2012


Caminas como si danzases
por encima de las incertidumbres
que me acogen.
¿Realmente tú eres tú?
En cada palabra, en cada término
percibo tu caricia.
Dejaré de disimular el miedo
para refugiarme en tu verso.
Gritaré lo que siento
sin mirarte a los ojos.
Te abrazaré enmascarando
mi cobardía tras tus brazos.
Pero, ¿qué harás tú?
¿responderás todas las cuestiones?
¿hablarás escondiéndote de lo que deseas manifestar?
¿me abrazarás como si me lo hubiese inventado?
¿engañarás a mi sentir?
Reflexionaré sin perturbarme
mientras ansío el encuentro.
Eso sí: no sin cobardía.