22 de enero de 2014

Vomito las entrañas,
tropiezo con la respuesta que merece
la persona que jamás se fue aunque se estuviese yendo.
Vomito mi ser más oculto y desagradable
sin desprecio, con textura
alargando la extremidad que ya ni sé si existe.
Vomito el recuerdo, el pasado,
su existencia y la mía
mientras navego por la lluvia de mis lágrimas
husmeando la oportunidad perdida.
Vomito mi caótica vida
buscando y rebuscando
lo que jamás encontraré
porque no sé ni qué forma tiene.
Vomito todo mi conjunto
y qué asco.

2 comentarios:

José A. García dijo...

A nadie le gusta verse desnudo frente a un espejo inapropiado...

Saludos

J.

ay martina dijo...

Vomitar hasta el alma. Vaciarse y sentirse -paradójicamente- más llena.


Una vez me dijo una rana que para pintar una habitación siempre es necesario vaciarla de cachivaches y limpiar bien todos los rincones antes de ponerse manos a la obra.


Algo me dice que tú estás en ello. Y el color morado siempre es una bonita elección.

:)