15 de octubre de 2013

Cohabito con el trapo de la piel muerta
sin pretender,
sin esperar.
Me ilustro en su arte y magia
sabiendo de lo que su nombre significa:
lo que es.
Nada más que aprendo a soñar
y conocer el sentido de sus silencios.
Es la luz que rompe en mis días
un viento que arranca todo abatimiento,
muriendo, evocando el decrecimiento de la vida.
Es el recipiente
la presencia
el vacío
la muerte
la vida que promete más de lo que da
devolviendo el enardecimiento,
sin olvidar que cuando muera nunca habremos nacido
ni vivido.
Envidio su control al construir su existencia
ella siempre regresa con su energía
por encima de las heridas,
cuando levanta una sólida fortaleza encima de todas las rocas,
también al derrumbar cualquier techo que construyan sobre nuestras cabezas
Empero, no descuides:
no habrá paredes que nos acoten.

Yo te cielo.

3 comentarios:

Juan Antonio B. dijo...

Yo te cielo... Asombroso.

Darío dijo...

Es verdad, ese Yo te cielo es como la luz al final del túnel. Me monto a ese rayo esperanzador. Un abrazo.

Sandra Garrido dijo...

yo te cielo, ese final es un broche perfecto, y todo él o toda tú una belleza. Un beso niña