30 de enero de 2014

La vida es una espiral que siempre recorro descalza.
No encaja y encaja
en vidas que son espirales
y encajan y desencajan.
La vida es esa caja escondida
bajo la cama
entre libros desorientados y
sonrisas empolvadas.
Pero se presenta un día,
abres la caja,
descubres la totalidad,
la usanza,
el eterno cuestionamiento;
y una vez acariciada la cicatriz,
acabado el juego
vuelves a la misma caja
y al primer verso:
la vida es una espiral que siempre recorro descalza.

22 de enero de 2014

Vomito las entrañas,
tropiezo con la respuesta que merece
la persona que jamás se fue aunque se estuviese yendo.
Vomito mi ser más oculto y desagradable
sin desprecio, con textura
alargando la extremidad que ya ni sé si existe.
Vomito el recuerdo, el pasado,
su existencia y la mía
mientras navego por la lluvia de mis lágrimas
husmeando la oportunidad perdida.
Vomito mi caótica vida
buscando y rebuscando
lo que jamás encontraré
porque no sé ni qué forma tiene.
Vomito todo mi conjunto
y qué asco.

14 de enero de 2014

Me olvido del mundo
y el mundo se olvida de mí.

29 de diciembre de 2013

A la par:
instantes de vida y muerte.

17 de diciembre de 2013

Es un ave de paso,
nunca sé cuándo llega ni cuándo marcha.
¿Existe lugar donde no admitan despedidas?

11 de diciembre de 2013

 Regreso al punto de partida
donde siempre he mantenido
la cordura y la demencia.
Retorno al lugar
donde me siento herida y querida
a partes iguales.
Vuelvo al olvido,
al dolor de la sinrazón,
a la razón sin dolor.
Ahora encuentro lo que busco,
aun sin pretenderlo
me encuentra el tiempo allá donde voy.

Procuro no mirar el reloj,
refrescar con júbilo el tiempo pasado,
el que ya no puede revestirme.
Soy otra y el tiempo es otro,
qué distinto es todo
y sin embargo sigo siendo igual.
Ya nada me posee,
espero sin recompensa
mientras me mantengo cerca y lejos
de todo
y de todos
siendo culpable e inocente.

No escondo la desesperación,
manifiesto la espera de la muerte:
la vida.
Admiro las cosas inútiles
la amistad, el candoroso amor, la familia.
También las innecesarias
palabras, rostros, amaneceres.

Entretanto vivo un año más
avivando el corazón
sin morir en el intento,
apurando el caudal de sangre
que atrinchera a la vida.
Recuerdo:
nadie conoce a nadie.