1 de junio de 2014

La vida es mía:
actuar sin que realmente
importe el rechazo.

14 de mayo de 2014

Relato el sueño que irrumpe:
disfruto la fortuna, dispongo del privilegio de la despedida.
Aparece, le acaricio la mano, ella besa mi mejilla
y su sonrisa está más triste que nunca.
Enuncio lo pretendido,
expreso las fórmulas
sin intención de resolverlas,
ya no hay tiempo.
Me armé con esfuerzo y entoné:
“Eres la causa más bonita que detiene
el mundo cada vez que te miro.
En tus brazos adivino el hogar,
tus pupilas representan el porvenir
y me siento tan boyante
que hasta fantaseo con permanecer allí.
(Pero no lo pretendo, ya lo sabes)
Deseo que tus alas cobren tanta fuerza
que sean indestructibles,
ambiciono tu vuelo,
espero advertirlo, desde lejos,
en el cielo azul o rojo o de todos los colores
donde los pájaros juegan
sin importarles los demás.
No desatiendas tu naturaleza,
de vez en cuando es apetecible
posar en algún alféizar a recuperar energía.
Con esto no reivindico insistencia,
quizá ya lo seas,
quizá nunca llegue el día,
pero no lo olvides:
yo te quiero libre”.

Qué pena necesitar la inminencia de la muerte
para ejercer tal enunciación.

10 de mayo de 2014

Somos tan efímeros
que cualquier día
los besos dados
no(s) serán devueltos.

3 de mayo de 2014

Me sentí rutinaria en sus brazos
como si los recorriera día sí
y día también,
con la pequeña diferencia
de habitarlos solo
cuando la mente no piensa,
y el corazón siente.
Me habló de alas, pero de las reales,
de esas que se sienten en la espalda
cuando te soplan al oído:
eres libre.
Y tú, idiota, te lo crees.

24 de abril de 2014

¿Podré salvarme de este naufragio?

Navegaba por un mar repleto
de ternura, afinidad, excelencia
incluso de engaños y huidas.
Evacué sin miramientos
hacia un posible lugar
donde no se tambaleara la superficie
en cada giro inesperado
y con cada tormenta.
Nunca llegaba el huracán,
todo parecía estar siempre en calma:
sus brazos,
sus besos,
su mirada.
Pero un día la lancha empezó a temblar,
vacilaba,
se partió en dos,
cada parte quería encauzarse
en direcciones contrarias.

Entonces llegó la borrasca
y fue cuando huí
para buscar tierra firme.
Con duro esfuerzo, una vez allí,
incendié los pedazos,
las maderas proporcionaron calor,
y sus cenizas las aproveché para abonar las plantas.
Construí un pequeño refugio
donde solo entrábamos mi pena y yo;
de vez en cuando se asomaban seres
a los cuales acababa despreciando,
no sé si por miedo
por ignorancia
o por utilidad.
¿Utilidad? ¿Estoy jugando?
Solo vago mientras siento
revolverse a las entrañas
en cada encuentro.

Quizá me haya engañado,
les haya engañado,
nos hayamos engañado,
pero solo he pretendido deleitarme
y continuar pisoteando el suelo firme
sin perder la cordura
(¿es ese el error?).
Nunca he pretendido ser,
ni utilitarista, ni materialista
solo me construyo en cada acción
y así vivo.

Un día despierto
creyendo en la desaparición de aquellas cenizas
y como un espectro
emergen en forma de recuerdo:
es presencia.
Evocan que aquella barca,
aquel mar,
aquella vida
fue algo real y mágico
y terminas desconfiando
hasta de tu determinación.

14 de abril de 2014

Enloquezco,
su voz resuena,
sollozo,
respiro por su boca,
el abrazo nos rompe en pedazos
y voceo:
las relaciones son una mierda
y el amor es precioso.
Me convenzo de que su presencia es sombra
y su amor está enterrado
bajo mi piel
en forma de espiral:
que siempre parte
y regresa al mismo punto,
es eterno retorno.

Bachmann  fue precisa:
“Tanto tiempo
ya ha pasado y, sin embargo,
el tiempo no pasa.”