11 de diciembre de 2013

 Regreso al punto de partida
donde siempre he mantenido
la cordura y la demencia.
Retorno al lugar
donde me siento herida y querida
a partes iguales.
Vuelvo al olvido,
al dolor de la sinrazón,
a la razón sin dolor.
Ahora encuentro lo que busco,
aun sin pretenderlo
me encuentra el tiempo allá donde voy.

Procuro no mirar el reloj,
refrescar con júbilo el tiempo pasado,
el que ya no puede revestirme.
Soy otra y el tiempo es otro,
qué distinto es todo
y sin embargo sigo siendo igual.
Ya nada me posee,
espero sin recompensa
mientras me mantengo cerca y lejos
de todo
y de todos
siendo culpable e inocente.

No escondo la desesperación,
manifiesto la espera de la muerte:
la vida.
Admiro las cosas inútiles
la amistad, el candoroso amor, la familia.
También las innecesarias
palabras, rostros, amaneceres.

Entretanto vivo un año más
avivando el corazón
sin morir en el intento,
apurando el caudal de sangre
que atrinchera a la vida.
Recuerdo:
nadie conoce a nadie.

2 de diciembre de 2013

Se rompe la vida.
Me rompe la vida.
Sólo tengo lo puesto
y lo quitado.

29 de noviembre de 2013

Todo pasa
como si no hubiera pasado.
El tiempo deshoja los días
del mundo al que jamás
fuiste invitada.
Todo es igual
y todo es diferente.
No es cierto que todo sea incierto.
O eso quiero pensar.

13 de noviembre de 2013

Me abalancé al acantilado sin abrigo, como la última vez.
Ahora navego en los mares del infierno
donde solo hay dolor, pena, fuego y naufragio.
Escucho a la inexistencia, al vacío más carnal,
al dolor que siente una madre cuando le arrebatan a su hija.
Sufro.
Aúllo para ver si me escuchan desde las sumergidas rocas de las ruinas
aquellos que supieron salir sin pies y con sostén.
Mientras tanto aprovecho mi energía cuidando
que los enseres cercanos no me torturen,
ni me liquiden.

¿Podrán salvarme?

11 de noviembre de 2013

Sostengo a mi propio pájaro
que prefiere olvidar su característico vuelo.

4 de noviembre de 2013

Eres la mano que me empuja hacia adelante
abandonándolo todo, si compete,
enseñando a cada instante
la posibilidad de ahogarnos
en el hueco profundo de tus brazos,
mostrando la lección sobre la felicidad:
nada es demasiado importante,
salvo el amor de una madre.

Con los años he aprendido a estimar
el afecto, la devoción, la querencia, la protección
que todo tu cuerpo nos ha trasmitido.
Ahora aseguro que eres la mejor madre
que unos ojos han podido ver nunca.